Es un motivo de gran alegría para mí, compartir el significado y la vivencia de la Carta Testamento de nuestro amado Fundador San Guido María Conforti.
Por ser un testamento, considero estas palabras como un legado de suma importancia para mi vida consagrada y misionera. Mis primeros encuentros con el testamento del Fundador fueron durante el postulantado y el noviciado, gracias al P. José Scremin, mi maestro de noviciado, quien diligente y emotivamente nos presentaba este documento. Yo recuerdo cómo el P. Scremin vibraba y nos hacía gustar el contenido de la Carta. En muchas ocasiones pensé que era un verdadero reto vivir lo que el Fundador traza en esas líneas, y en verdad lo es; sin embargo, creo que el Fundador me indica que los Xaverianos nacimos para algo muy grande: llevar adelante el hermoso plan de Dios para nuestras vidas y para el mundo. “Hacer del mundo una sola familia en Cristo” y que “Cristo sea conocido y amado por todos”, es un ideal que ciertamente se logrará, si verdaderamente vivo lo que la Carta Testamento me enseña. Creo que los votos de la vida consagrada y la vida en comunidad, vividos con fe, esperanza y amor, son la condición para que el gran Plan de Dios se cumpla.
Ya cumplí 32 años de profesión perpetua y treinta años de ordenación sacerdotal y cada día me entusiasma más el proyecto de nuestro Fundador, que desde luego es mi proyecto de vida. Agradezco profundamente a Dios por haberse fijado en mí y llamarme para esta misión. Agradezco también a mi Congregación Xaveriana, que me ha recibido y aceptado. Reconozco con humildad que he recibido muchísimo de parte de Dios y de mi congregación, la cual me han brindado todo lo necesario para vivir mi vida consagrada y mi sacerdocio misionero. He tenido la fortuna de convivir con hermanos xaverianos ejemplares, a los cuales expreso todo mi respeto y admiración pues han sido un verdadero testimonio de vivencia de la Carta Testamento en su vida consagrada y misionera. Son esos testimonios los que me animan a decir: “sí es posible, sigue adelante a pesar de tus caídas e imperfecciones”. Tampoco han faltado las dificultades ocasionadas por nuestra fragilidad humana y es entonces cuando tengo presente lo que nuestro Fundador nos advierte: “Las divisiones, los chismorreos a espaldas del hermano, son como esas puñaladas que debilitan y hacen pesada la vida”. Admito que no somos la congregación ni la familia religiosa perfecta, pero nos esforzamos día a día, hay camino que hacer y cosas que cambiar, la realidad misma en la que vivimos ahora, nos lo exige.
En este momento de mi vida, valoro muchísimo los años de formación que me ayudaron a enamorarme cada día más del carisma de nuestro Fundador. Ese Cristocentrismo que da sentido y rumbo a mi vida, me orienta también a no despegar mi mirada de Cristo porque sin Él me hundo y me pierdo en las aguas turbulentas y tentadoras de la vida.
En mi experiencia y entender, descubro en la Carta Testamento que nuestro Fundador, verdadero padre y pastor, conocedor de nuestras fragilidades y caídas, nos anima a tener cuidado y atención; no nos condena sino que nos invita a volver nuestra mirada nuevamente al Cristo crucificado y poder decir también como él: “Yo lo miraba y Él me miraba y parecía decirme tantas cosas”. De esos años de formación valoro muchísimo la hermosa experiencia de vida comunitaria; ese Espíritu de Familia se hacía sentir, pues todos estábamos en la misma sintonía, éramos jóvenes y si bien no faltaban las diferencias o malentendidos, el puro hecho de recordar: “Ámense como hermanos y respétense como príncipes” nos hacía recapacitar y continuar nuestra vida de estudio, oración, trabajo, deporte, apostolado y convivencia juntos, sin tener que mirar a otros rumbos.
El Apostolado en las comunidades más marginadas de Salamanca, Gto. y Guadalajara, Jal.; el año de diaconado vivido en Acoyotla, Hgo.; mi año de prefectado en Arandas, Jal.; mis dos años de servicio en Mazatlán, Sin.; así como el año de estudio del idioma Inglés, me prepararon para obedecer generosamente mi destinación a la misión: Filipinas. Eternamente agradecido con Dios y con mi Congregación por esta maravillosa experiencia de misión, pues juntos: P. Peter Venturini, P. Vicente Salis y un servidor logramos la apertura de la Parroquia de San Francisco Xavier en Maligaya, Novaliches, Q.C. y, al mismo tiempo, la apertura de la Teología Internacional, inserta allí en Maligaya. Llegaron los cuatro primeros estudiantes: Guillermo Arias, Enrique Sánchez, Emmanuele Boreli y Patrik Dufy. Fueron 9 años y medio, que han marcado mi vida plenamente, tiempo durante el cual pude valorar aún más nuestro carisma, misión ad gentes, ad extra y ad vitam y entre los más pobres, pues la zona donde llegamos eran colonias de gente, la grandísima mayoría, muy pobre, con muchas carencias materiales y espirituales, pero de una riqueza humana impresionante. ¡Qué difícil fue para mí dejar Filipinas!, sin embargo, la obediencia pronta y generosa en la que insiste el Fundador me hizo entrar en razón. Aunque lo confieso, no fue tan pronta; sí, me costó y muchas lágrimas, pero ahora tengo la satisfacción de decir: obedecí y cumplí con la voluntad de Dios, manifestada a través de la Dirección General.
Mirando mi experiencia de vida, puedo decir también como nuestro amado Fundador: “El Señor no ha podido ser más bueno conmigo”. Soy feliz porque veo esa gracia sobre gracia de Dios para mi vida, ahora esforzándome en vivir con amor mi consagración y misión aquí en México: tres años y medio en Torreón, Coah. y 13 en Mazatlán, Sin. La Carta Testamento sigue siendo esa Luz que ha iluminado y continúa iluminando mi apostolado y vida en común, para vivir mi espíritu consagrado y misionero; primero, en Las Cartolandias de Torreón, zona invadida por tantas familias que buscaban un pedacito de terreno, en el desierto, para levantar allí su casita de cartón, experiencia inolvidable, la cual me hizo superar la nostalgia por Filipinas; y después, en Mazatlán. Ahora, la misión está aquí; a través del colegio “evangelizamos educando” y es verdaderamente un reto, últimamente nosotros los Xaverianos involucrados en la educación, hemos descubierto que nuestro Amado Fundador nos ha dejado una verdadera pedagogía. Estamos dándole auge a la Pedagogía de Conforti, especialmente con nuestros colaboradores en esta labor, sabedores de que si esta pedagogía entra en ellos, pasará inmediatamente a los alumnos y a sus familias. Descubro que la Pedagogía de Conforti es la misma Carta Testamento enfocada a la educación.
Por todo esto, no me queda más que agradecer de corazón, la gran misericordia de Dios y renovar mi consagración día a día en este maravilloso proyecto de San Guido María Conforti.
Fraternalmente,
P. Juan Jorge Rosales Rodríguez sx
Enlaces y
Descargas
Accede aquí con tu nombre de usuario y contraseña para ver y descargar los archivos reservados.