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Apremio de un pacto nuevo y total

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Glosando la Carta de la DG en ocasión del Jubileo Xaveriano (2)

Nuestra vocación misionera se vive en un diálogo constante, abierto y sostenido, en el que responder al Dueño de la mies, es algo ineludible. En efecto, la segunda parte de la Carta de la DG sobre el Año Jubilar, elabora sugestivamente lo que llama «Nuestra Respuesta» al don recibido. Es la parte más extensa y, no obstante ello, apenas enuncia en sus rasgos más esenciales el perfil que distingue al Xaveriano y anima la respuesta a su vocación y misión. No deja de ser anchurosa y rica es la fuente en la cual abrevarnos…

— Al exponer los elementos que componen nuestra respuesta, la Carta hace referencia, en primer lugar, a los textos fundantes y normativos de nuestra Familia: Carta Testamento, Constituciones Xaverianas, Ratio Missionis Xaveriana, Ratio Formationis Xaverianae, Actas de los últimos Congresos Xaverianos. Estos son textos, dice la Carta, que «representan nuestra respuesta»; por consiguiente, personifican, encarnan, constituyen, explican, suponen, recitan… nuestra audacia ante el don que hemos aceptado en los mejores momentos de nuestra vida. A primera impresión, aflora una especie de hermenéutica atinada y oportuna, pues, además de coligarnos al proceso histórico de crecimiento y actualización del carisma, los textos mencionados vehiculizan en el hoy que vivimos una oportunidad de redescubrimiento y nueva apropiación del «tesoro carismático recibido de parte de nuestro Fundador»; ejemplifican, además, la calidad y el nivel que, en contexto de Año Jubilar, son pro-vocación a un pacto nuevo y total al interno de la propia sequela apostólica, personal y comunitaria.

Se puede observar que, a excepción de la CT, el elenco hace presente unos textos que son muy cercanos a todos en el tiempo, en los planteamientos o normatividad que codifican. Existen, sin embargo, anteriores o contemporáneos a estos textos, otros que pueden ser valorados también como documentos claves para dar forma y sustentación al carisma xaveriano. Estos son las Cartas Circulares de las Direcciones Generales que han sucedido a Mons. Conforti (1932-2020): se han emitido alrededor de 90 Cartas Circulares de diversa significación y trascendencia. Son parte histórica y valiosa de una hermenéutica que desvela los diversos sujetos, exégesis y aristas de la clarificación y maduración del carisma xaveriano en su historia. Y aún si la hermenéutica no es fácil y es siempre algo muy delicado, dan confianza las palabras de S. Juan de la Cruz que nos recuerdan que las más altas gracias se conceden a «aquellos cuya virtud y espíritu se había de difundir en la sucesión de sus hijos» (Llama II, 12-13).

La Carta de la DG procede luego a presentar muy someramente las características esenciales del carisma xaveriano recurriendo a los mismos textos arriba aludidos. Esta modalidad de presentación de cada una de las constantes xaverianas deja entrever la relación de mutua pertenencia que hay entre ellas (la una llama a la otra) y, de reflejo, se observa, igualmente, la lógica de mutua retroalimentación que se da entre los textos que entretejen nuestra respuesta. El presente comentario hace alusión solamente a la así llamada Vida de fe en la Carta en el n. 21.

Tal como la presenta la Carta de la DG, la Vida de fe de todo Xaveriano, se inspira en el texto de C 3 que especifica el fundamento irrenunciable de nuestra vida y espiritualidad: «La unión con la persona de Cristo misionero del Padre». Se focaliza, de esta manera, la visión central que anima nuestra sequela apostólica: Cristo-misionero-del-Padre. Esta intuición confortiana, junto con lo que C 42 identifica como «espíritu de oración… capacidad de transformar nuestro trabajo en oración continua», constituyen el proprium de la espiritualidad que la tradición xaveriana ha trasmitido de generación en generación (cfr. RFX 38, 61, 69, 260, 300… y RMX 22, 25.1 …). La Carta integra a esta concepción algunas otras expresiones poco comunes en los textos que afinan nuestra vida y espiritualidad: Jesús como «Compañero, Amigo, Maestro y Señor de nuestra vida». Son calificativos que expresan una valiosa dimensión relacional e íntima o cordial con el misterio de Jesús. Suenan como si se quisiera salir al paso de cierto intelectualismo y activismo que, a veces, predominan en la comprensión y vivencia de nuestra fe.

De hecho, la RMX registra que al interno de nuestra Familia hay «necesidad de una vida espiritual apostólica más intensa, personalizada y profunda» (25.1) a la manera de Mons. Conforti, que la vivió «en la contemplación de Cristo-misionero-del-Padre» (22). Cabe recordar también aquella estupenda definición de Mons. Conforti: «El misionero es la personificación más bella y sublime de la vida ideal. Él ha contemplado en espíritu a Jesucristo que muestra a los apóstoles el mundo por conquistar, no con la fuerza de las armas sino con la persuasión y el amor. Y ha quedado seducido» (12º DP).

— Remitiéndose, luego a los Capítulos Generales XVI y XVII, la Carta de la DG reconoce que la vida de la Familia está caracterizada por luces y sombras describiéndolas como «puntos fuertes» y «puntos débiles». El cuadro es por demás realista y pro-vocador: nos confronta e invita a tomar las medidas necesarias que hagan crecer la calidad de nuestro ad gentes, ad extra y ad vitam. Efectivamente, se ponen en evidencia «los puntos fuertes, para reforzarlos; los débiles, para superarlos». Resuena de fondo la necesidad de un equilibrio entre humildad y autosuficiencia a través de una autocrítica profunda. A cada uno y a cada comunidad la tarea de descubrir los cómo.

— El reconocimiento de oportunidades y desafíos, leídos como signos de los tiempos, concluye la extensa segunda parte de la Carta. Sobresale el reconocimiento de que estamos entrando en una realidad nueva (cambio de época) en la que la ‘certeza’ del conocimiento científico, el mundo digital-tecnológico, la sensibilidad ecológica, las migraciones, el subjetivismo, los nuevos modelos de familia... urgen discernimiento y acción; integrando a ello la necesidad de leer todo a la luz del carisma recibido, guiados por el Espíritu. Y ciertamente, «una nueva época necesita nuevas opciones misioneras». La interculturalidad que crece en nuestra Familia es ya parte ineludible de las nuevas opciones de nuestra respuesta. Es un paradigma que nos devela la atractiva nobleza de Dios y anima un «testimonio claro y eficaz del Reino de Dios», clave de nuestra consagración misionera.

— Felicidades a la DG por esta parte de su Carta: sus elementos hacen vibrar el corazón al abrirnos a un nuevo eco (o espejo) de aquello que nos identifica y nos llama a reposicionarnos en nuestra respuesta, orientándonos hacia un nuevo pacto desde una profunda transformación de nuestras personas y comunidades.  

(15/08/2020)

Antonio Flores sx
20 Août 2020
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