Hasta hace poco tiempo desconocía la existencia de este documento, pero afortunadamente, con motivo del próximo jubileo llegó a mis manos; he tenido la oportunidad de leerlo, meditarlo y heme aquí compartiendo con ustedes mi experiencia y mi sentir al respecto.
Inicié mi camino con la familia Xaveriana, hace ya casi 10 años, fui invitada como catequista al Colegio Centro Unión, en ese tiempo yo sufría de una enfermedad que venía arrastrando desde 4 años atrás (ansiedad-depresión) y con ningún medicamento me era posible salir del todo de este mal que me aquejaba; no es sino hasta que un año después de haber iniciado con este apostolado que todo desapareció por completo (y ahí entendí que los tiempos de Dios son perfectos).
Poco tiempo después, en el marco de la canonización de Mons. Conforti, llega a mis manos su biografía, que puedo decir, me cambió por completo, obviamente no fue de un día para otro, pero sí paulatino; me maravilló el saber que un hombre aun padeciendo de enfermedad, logró todo cuanto se propuso, fue incansable, un gran formador, Obispo, hombre de oración, de obediencia, que daba amor, atendía las necesidades de quienes se acercaban a él; todo esto y más, me ayudó en no darme por vencida ante ninguna enfermedad, a ser mejor catequista, entregarme más a los niños, a dar más de mí en cada clase, a servir a los demás.
Tiempo después, en el 2015, fui invitada a participar de una asamblea de laicos en la Cd. de Arandas, Jalisco; ahí, además de conocer y convivir con otros laicos de las distintas comunidades xaverianas de la Región de México, por primera vez, pude interactuar, conocer y convivir de cerca con los Padres Xaverianos, y en ese momento quedé impresionada; porque todo lo que había leído de Conforti, lo veía en la práctica con sus hijos, los Xaverianos; hombres de servicio, amor al prójimo, de entrega, paciencia; por demás está decir que quedé maravillada, no estaba equivocada, desde ese momento me sentí parte de la familia… Dije “aquí pertenezco”, “quiero servir, para y con la familia Xaveriana”, “soy Xaveriana”…
Hoy, mi apostolado está dirigido a la catequesis del Seminario, para niños y niñas que quieren recibir la Primera Comunión y la Confirmación; pero, también, tengo la fortuna de poder convivir e interactuar con los jóvenes seminaristas, ver como se desenvuelven, las tareas que realizan, sus alegrías y a veces sus momentos de tristeza o darme cuenta cuando se sienten mal; he podido conocer sus realidades, algunas buenas, otras no tanto, pero son chicos buenos, que reciben una formación integral, y qué decir de sus formadores, para mí, son un ejemplo a seguir.
Siempre he sido una mujer de fe, pero creo, siento, que hoy lo soy más; me siento muy bendecida por Dios, recurro a los Sacramentos muy frecuentemente; hago oración constante y siempre está Dios primero que todo, y eso es lo que trato de compartir con quienes me rodean… Dios antes que todo.
Hemos procurado que en el grupo de Catequistas, exista un ambiente de familia, de integración, que el servicio que prestemos sea por amor a Dios y al servir a los demás, no por mero reconocimiento; conformamos un gran equipo de trabajo con la ayuda de Dios y la guía del Padre Superior de la comunidad, quien nos acompaña en este camino y nos proporciona los medios necesarios para llevar a cabo nuestro apostolado.
En lo que respecta al Consejo del Laicado Xaveriano, también se ha logrado integrar un excelente equipo de trabajo, que si bien somos 5 mujeres de distintas comunidades, de realidades diversas, hemos podido llevar a cabo la misión que se nos ha encomendado, gracias a que todas compartimos el mismo carisma y espiritualidad, propios de la familia xaveriana.
Tengo la bendición de conocer a muchos Misioneros, algunos que están de paso, otros que ya volvieron de la misión y que me han contado sus experiencias en los lugares donde han estado, como ha sido su vida, los medios que han utilizado para la evangelización de los no cristianos, como apoyan en las parroquias o lo que hacen por los pueblos donde son enviados; y realmente, Mons. Conforti, estaría muy satisfecho del legado que ha dejado y que seguirá creciendo, porque ahora ya no nada más está en los Sacerdotes, sino también en nosotros los laicos, quienes como yo, hemos adoptado su espiritualidad y carisma; ciertamente, mi deseo más grande es algún día poder salir a la misión, a servir, más allá de las fronteras, en lo que me fuera posible.
Si bien nosotros los laicos Xaverianos, no hacemos los votos de pobreza, castidad y obediencia; sí los podemos poner en práctica desde nuestra realidad… En un futuro próximo, los laicos de la Región de México, aquellos que hayamos recibido la formación adecuada y realmente estemos realmente comprometidos con el carisma Xaveriano, podremos hacer nuestra promesa; esto marcaría una diferencia en nuestro sentir de pertenencia.
Conforti, nos ha dejado un gran legado, la Congregación de los Misioneros Xaverianos; pero, también, a nosotros como laicos, hoy, sus hijos los Xaverianos, nos hacen partícipes de esto, y ciertamente es una gran bendición.
Pienso que esto resume la mayor resonancia de la Carta Testamento en mi vida… el ejemplo que recibo día con día de los Padres xaverianos: amor a Dios (como centro de todo) y al prójimo, servicio, fraternidad, caridad, humildad, paciencia, formación, disciplina, oración; todo esto ha hecho que no pueda hacer otra cosa que tratar en seguir este ejemplo, que precisamente al día de hoy, sé que emana en gran parte de este importante documento y agradezco la oportunidad de tenerlo en mis manos; para que me siga orientando en mi camino y pertenencia de quien considero mi segunda familia… los Xaverinos.
San Juan del Río, Querétaro, a 21 de marzo de 2020.
“Hacer del mundo una sola familia”
Ana Patricia Martínez Corrales
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