El periodo de cuarentena que me ha tocado vivir me ha hecho reflexionar sobre cuánto sea vulnerable la vida. Sobre todo, hasta que punto somos imprescindibles unos para otros. Y recordaba que, la primera llamada que hemos recibido es para la vida. Nos llamó a vivir. Esta es nuestra primera vocación. Tenemos, por lo tanto, una primera vocación a la vida. El creador nos ha llamado a la existencia y nos concede este precioso regalo. Estamos llamados a ser buenos administradores de esa vida que se nos ha dado como un don y a contribuir a la creación continua del mundo. Cuidando la vida uno del otro. Y en este periodo de confinamiento, sin casi creerlo aún, nuestra vida se ha transformada. Es otra. Tuvimos que cerrar nuestra casa, los proyectos de animación misionera, los encuentros, las actividades. De pronto, mira por donde, resulta que todo cambia de ritmo. Y no por unos días solo, la cosa fue a más, y llegaron las incertidumbres. En medio de toda esta perplejidad y silencio, me preguntaba: ¿para qué nos sucede esto? Tal vez el miedo a la muerte que generó esta pandemia alrededor del mundo sea la mejor manera de aprender a vivir. A lo mejor esto nos sirve para volvernos más humanos. Una ocasión para crecer en la amistad con Dios. Quizás nos recuerda que no tenemos el control de todo y que dependemos unos de otros. A lo mejor es un tiempo nuevo que nos he dado, para preguntarnos a qué punto estamos con nuestra vida. ¿Mi vida es significativa? ¿La estoy compartiendo con alguien? ¿Es don? Si la respuesta es no, algo falta. Pues, en estos meses, en que viví en primera persona, el virus, me di cuenta de cuánto, somos vulnerables e imprescindibles unos para los otros. La servicialidad, la disponibilidad, el espíritu de familia, triunfó en nuestra comunidad. Pero también, hemos recibido sorprendentes gestos de ayuda de mucha gente de fuera de casa. Personas que no nos conocen. Independientemente del momento vital y existencial que nos encontremos, invito a retomar este momento con gratuidad. Y en la medida de lo posible, ayudémonos unos a otros, sobre todo a los jóvenes que están en búsqueda. Pensando en todo lo que pasó en este periodo raro, me hago esta pregunta: ¿Qué hemos aprendido con el coronavirus?
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