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Identidad misionera religiosa de nuestra familia

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Meditaciones

Presentación

En esta meditación presentamos una reflexión sobre la identidad misionera religiosa de nuestra familia. Esta reflexión retoma gran parte de la carta de la dirección general en 1995: Consagrados para la misión. Abrimos el diálogo señalando: La identidad no se descubre añadiendo a la vida religiosa (VR) genérica algún elemento específico para cada congregación. La VR en realidad es un carisma fundido con la consagración religiosa. De hecho, para cada instituto es precisamente el carisma la “llave global de interpretación de toda su experiencia, de la praxis de los consejos evangélicos, de la propia espiritualidad, apostolado, vida comunitaria, formación, organización”[1].  El Carisma hace la identidad.

Palabra de Dios

«Mi sono fatto debole con i deboli, per guadagnare i deboli; mi sono fatto tutto a tutti, per salvare ad ogni costo qualcuno. Tutto io faccio per il vangelo, per diventarne partecipe con loro» (1Cor 9,22-23).

Experiencia - palabras de San Guido Ma. Conforti

La intención del Fundador fue crear una familia de misioneros. Él había pensado como fin único y exclusivo de la congregación “anunciar el evangelio a los no cristianos”, aún consciente de las muchas necesidades de la Iglesia en los países considerados cristianos, especialmente en aquel tiempo de descristianización. Inclusive había solicitado a los misioneros de no dedicarse demasiado a los cristianos que hubieran encontrado en los países donde iban para anunciar el Evangelio a los no cristianos. (cfr. RF 8) El proyecto era definido en cuanto a lo esencial desde el principio, aunque indeterminado en los detalles.

Aunque los primeros cohermanos no hacían la profesión religiosa (1895 – 1898), él veía en la vocación de entregarse completamente a la conversión de los infieles una llamada capaz de empeñar toda la vida y no pudiendo, en aquel tiempo, expresar aquella vocación como voto, había hecho objeto de un solemne “propósito”. Para el Fundador es experiencia de radicalidad evangélica: en la misión de hecho se unen el deseo ardiente de que Dios sea conocido por todos los pueblos y la compasión por las muchedumbres que no conocen a Cristo. Después de tres años no hizo más que explicitar lo que veía ya contenido en el “propósito” de misión uniéndolo estrechamente con la consagración religiosa; unión que defendió contra cualquier intento de alteración.

Esta unión estrecha entre la vida consagrada (VR) y misión encuentra explicación en la experiencia misma del Fundador. Su encuentro con el Crucifijo no había sólo una experiencia infantil, sino que ha marcado todo su espíritu. Se puede afirmar que creció con él: “Es El quien me ha dado la vocación”. Esto es confirmado también de la importancia que él quiso dar a la partida de los misioneros con la imposición del Crucifijo; y en aquellas ocasiones, que han marcado toda su vida después de la fundación, él, quizás sin darse cuenta, volvía a proponer la sustancia de su experiencia de encuentro con Jesús en la cruz: totalidad de amor de parte de Dios y exigencia de una donación total[2]. Y esta misma visión la expresó en algunas fórmulas por él queridas y que nos ha dejado como síntesis de su pensamiento.

Fue la contemplación del Crucifijo la que le renovó en el corazón la pasión paulina del “Caritas Christi Urget Nos”. (2Cor 5, 14)[3] Decía él en realidad que mirando el Crucifijo uno descubre su amor y es empujado a la salvación de los hermanos.[4]

Igualmente “In ómnibus Christus” (Col 3, 11), no quería solamente decir una actitud de espíritu que debe ver todo a partir de la fe sino que incluye también un objetivo apostólico. Lo mismo expresaba en la concepción del celo como “amor de Dios puesto en obras”. Pero la fórmula que más claramente resume su visión es la que nos dejó en la Carta Testamento 10 en la cual nos exhorta a “ver a Dios, buscar, a Dios, amar a Dios en todo, avivando en nosotros el deseo de extender por todas partes su Reino”.

Han notado algunos que la primera parte de aquella fórmula ya era común en la literatura espiritual del tiempo; pero él la completó y la transformó relacionándola con la finalidad misionera.[5]

Esta concepción es confirmada también por sus opciones y por su praxis: basta comparar las costumbres que inculcaba a propósito de las “prácticas de Piedad”, las sugerencias que daba para la actividad misionera, el estilo de la preparación de los misioneros, las modalidades para poner en práctica los votos… El mejor criterio siempre era la salvaguarda del espíritu evangélico y del mejor servicio al anuncio del Evangelio. Más bien, hay que notar que algunas de sus intuiciones en este campo no han encontrado completa realización en la praxis de la congregación en China, por la excesiva confianza que daba a la praxis de otros misioneros aun cuando esta praxis difería de su deseo y de su planteamiento.

En conclusión, para el Fundador, la VR es necesaria para hacer la misión más auténtica. Por eso él quiere la “vida apostólica unida a la vida religiosa” (CT 3. 2) porque “la profesión de los consejos evangélicos unida al voto de consagrarse a la dilatación del reino de Cristo entre los infieles, es de lo más digno y de lo más sublime que pueda desearse, constituyendo la semejanza más perfecta a la obra del redentor. (RF 65) Misión y VR se abrazan recíprocamente y constituyen las dos caras del mismo carisma. Para nosotros, la misión es religiosa y la VR es misionera.

Puntos para la meditación

Todo esto nos lleva a una lectura de nuestra identidad xaveriana a partir de: el fin único y exclusivo del anuncio del Evangelio a los no cristianos, criterio que dirige todos los aspectos de la vida de la congregación. Esto específica nuestra identidad, plasma las características de nuestro ser y guía nuestra actuar. El fin único y exclusivo de nuestro Instituto forma parte de la amplia misión evangelizadora de la Iglesia. Nosotros asumimos una pequeña parte pero esencial de la vida eclesial: el primer anuncio. Asumimos esa parte esencial por nuestro carisma y por nuestra historia. Hoy en día todo es misión en la Iglesia pero eso no debe llevarnos a decir que todo es “nuestra misión”. (RMX 8) Nosotros nos colocamos en la Iglesia llevando adelante el anuncio del evangelio entre los que no lo conocen y como su memoria misionera, dedicándonos también a la animación misionera y a la promoción de las vocaciones misioneras para que no falten obreros a la viña del Señor. (RM 34)

Agradecemos al Señor y aceptamos el don de haber sido elegidos para ser enviados a la misión ad gentes, ad extra, ad vitam. Tres elementos que no agotan toda la misión de la Iglesia, pero manifiestan su urgencia, su universalidad y su radicalidad. (RMX 10)

El ad gentes expresa nuestra orientación hacia la evangelización de aquellos “pueblos, grupos humanos, contextos socioculturales, donde Cristo y su Evangelio no son conocidos, o donde faltan comunidades cristianas suficientemente maduras como para poder encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos”. (RM 33) El ad gentes nos define en la Iglesia y da forma a todo nuestro modo de ser. (RMX 11)

El ad extra constituye para nosotros una ulterior especificación del ad gentes. Se trata del principio misionero del “salir” afirmando con claridad en nuestras Constituciones y normalmente aplicado en los más de cien años de vida de la Congregación: “por nuestro carisma específico somos enviados a países y grupos humanos no cristianos, fuera de nuestro ambiente, cultura e Iglesia de origen”. (C 9)

Es verdad que hoy para dedicarse a la misión ad gentes no es necesario salir del propio país, sin embargo, nosotros lo asumimos como característica fundamental y esencial de nuestra vocación, conscientes de que el salir geográficamente no es un fin en sí mismo, sino que está orientado a la promoción de la causa misionera.

El ad vitam significa que nuestra disponibilidad para el servicio de la causa misionera es definitiva por vocación y esto no sólo como continuidad temporal, sino sobre todo como total dedicación a la vocación misionera que se nos ha confiado. (RMX 13)

En cualquier lugar o servicio en el que nos encontremos, hacemos converger hacia la misión toda nuestra actividad y a ella nos entregamos por toda la vida, ofreciendo siempre lo mejor de nosotros mismos y excluyendo “positivamente cualquier otra finalidad por muy noble y santa que sea”. (RF 3)

Nuestra identidad misionera religiosa responde a este fin único y exclusivo: la evangelización de los no cristianos. Por tanto, es normal, que el mayor número de fuerzas este empeñada “en la actividad misionera directa”. (RG 19. 1) Esto implica el salir del propio contexto de origen (cfr. C 9) aunque hoy la misión se puede y debe hacer en todas partes; pero no en todas partes tiene la misma urgencia. En adición, la especificidad de nuestro carisma, nuestra historia y la consistencia de nuestras fuerzas, son motivo para tomar ulteriores opciones. Para alcanzar su fin, la Congregación debe garantizarse una continuidad y, por consiguiente, debe hacer animación misionera y vocacional y formar sus futuros miembros. Asimismo, tiene necesidad de tantos otros servicios que le aseguren su vitalidad.

Trabajo personal o comunitario

Me doy un espacio y un tiempo para tomar conciencia de lo que pueda significar para mí, hoy, el hecho de que el carisma determina la identidad de cada uno. Luego me pregunto acerca de cómo me encuentro en cuestión de la identidad carismática. Observo luego mi propia situación, y llamo por su nombre sea las consonancias como las disonancias con el núcleo esencial de la xaverianidad que estén presentes en mí.

Profundizo detenidamente el hecho de que, en la espiritualidad de nuestro carisma, la consagración y la misión no tienen un “antes” y un “después”, sino que deben ser vividas en armonía y simultáneamente. Paso luego a examinar lo que me facilita, o quizás me dificulta, la realización cotidiana de estas dimensiones y me pregunto acerca de lo que me sugiere este examen.

Podría ayudar también en tu reflexión leer los textos de la Evangelii Gaudium, números 41 (sobre la necesidad de expresar en lenguajes nuevos el contenido del evangelio y de nuestro carisma) y 80 (sobre un estilo de vida que en apariencia está fundamentado en Dios, pero que en la práctica manifiesta un alejamiento de Él).

Oración final

Después de un consistente momento de silencio contemplativo, trato de decir, desde lo hondo de mí mismo: “Señor, no podías ser más bueno conmigo”.

Oración xaveriana por los misioneros

Padre Nuestro, Dios te salve María, Gloria al Padre.

“Que sea por todos conocido y amado, nuestro Señor Jesucristo”.

 

 


[1] Sínodo de los obispos, la vida consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo. Instrumentum Laboris n. 11. Más adelante: IL.

[2] “Su misión y su programa de acción están bellamente comprendidos en el Crucifijo que acabo de entregarles y que ustedes con santa alegría han puesto sobre su corazón. Me parece que con esta adorable imagen Él les dirige a ustedes aquellas… “cuando yo sea levantado de la tierra atraeré hacia í todas las cosas” (Discurso ai partenti 16, La Parola del Fundatore, ISME 1966, p. 110s. En seguida: DP). “Los mueva al cumplimiento del gran sacrificio la caridad de Jesucristo. Ustedes hoy han repetido: “Caritas Christi Urget nos”. Sigan el ejemplo de él que se ha dado todo para todos: “Non tradit semetipsums pro nobis”, y nos ha mandado de amar igual que el a todos los hermanos: “Sicut dilexi vos” (DP 19, p. 119).

[3] “En la expresión de Pablo: Caritas Christi Urget Nos, Conforti vio reflejada en forma concisa y sintética su experiencia (espiritual y mística) (Missionari per il nostro tempo. Ratio Formationis Xaverianae, EMI, Bologna, 1990. N 35. Más adelante RFX). El misionero “ha contemplado en espíritu a Jesucristo que le señala, como ya lo hizo con los apóstoles, el mundo por conquistar… con la persuasión y con el amor ha sido arrebatado por El. Y para este ideal sacrifica su familia, su patria, sus afectos más queridos y legítimos (DP 12).

[4] Nada los turbe, que nada los desanime. Los conforte este Crucifijo que llevan colgado sobre el pecho y que debe ser su gozo y su todo, y de El ustedes prenderán a sacrificarse por sus hermanos” (DP 2, p. 78. Cfr. Ibid. Nota). Pensamientos similares se encuentran continuamente en los discursos misioneros de los que partían.

[5] La visión del Fundador y su experiencia espiritual lo han llevado a unir en una manera muy simple pero vivida algunos aspectos de la misión que ahora encuentran comparaciones maravillosas en estudios más a profundidad. Nos referimos por ejemplo a los comentarios bíblicos reunidos por el P. Ceresoli en “Misión potenza del Vangelo” (EMI 1994) que merecen ser meditados. El encuentro con el Crucifijo, la estrecha unión con Cristo a través de los votos y la visión Cristo – céntrica, la fraternidad familiar, encuentran una extraordinaria comparación por ejemplo en Jn 15: Cfr. el artículo de M. Láconi en donde se muestra” que la eficacia misionera de la Iglesia y la eficacia de la cruz de Cristo testimoniada y vivida con ánimo fiel; que el testimonio de la Iglesia no será verdaderamente “fructuoso” si no brota de una profunda unión de vida de creyente con Cristo, y de una viva comunión fraterna”. (Ibid. p. 225).

Formación Permanente - México
04 Maggio 2022
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